Un piloto tecnológico bien diseñado puede ahorrar meses de desarrollo y miles de euros en inversiones erróneas. Mal planteado, se convierte en un ejercicio de demostración que no demuestra nada y que nadie sabe cómo escalar.
Cuándo tiene sentido un piloto
Un piloto tiene sentido cuando hay incertidumbre genuina sobre si una tecnología, un proceso o una integración funcionarán en un contexto concreto. No tiene sentido cuando ya se sabe la respuesta y lo que falta es voluntad de implementar.
Los buenos candidatos para pilotos son: tecnologías nuevas en contextos conocidos, procesos complejos con múltiples variables, integraciones entre sistemas que nunca han trabajado juntos, o escenarios donde el coste del error completo sería alto.
Errores frecuentes
El error más común es diseñar un piloto sin criterios de éxito definidos antes de empezar. Si no sabes qué resultado te haría pasar a producción y qué resultado te haría descartarlo, no tienes un piloto: tienes una demo.
Otro error frecuente: hacer el piloto en condiciones tan controladas que sus resultados no son transferibles al entorno real. Un piloto debe parecerse lo máximo posible a las condiciones de producción.
De piloto a producción
El camino del piloto a la producción debe estar definido antes de empezar el piloto. Esto incluye: criterios de go/no-go, plan de escalado, recursos necesarios para el despliegue completo, y un calendario realista.
